El envejecimiento causa una serie de cambios en el sistema urinario que pueden provocar incontinencia:
- Menor elasticidad de la vejiga, lo que reduce la capacidad y aumenta la frecuencia de las evacuaciones.
- Mayor cantidad de orina, debido a que los riñones son menos eficaces a la hora de concentrarla.
- Una mayor debilidad del músculo detrusor, lo que impide el vaciado completo de la vejiga.
- Aumento de las contracciones espontáneas del músculo detrusor.
- Menor capacidad para posponer la micción.
- Menor presión de cierre uretral.
No obstante, a pesar de afectar a un gran número de hombres y mujeres mayores, la incontinencia urinaria no debería verse como una parte normal del proceso de envejecimiento. Se trata de un trastorno en los procesos mentales o físicos encargados de almacenar la orina y vaciar la vejiga en el momento adecuado. Y, en muchas ocasiones, este trastorno puede tratarse.
Muchas personas mayores se ven afectadas en exceso por lo embarazoso y la incomodidad que produce la incontinencia. Una asistencia profesional puede ayudar a muchos pacientes y a sus familiares a tratar con éxito esta afección. Una protección para la incontinencia, eficaz y discreta, desempeña un papel fundamental a la hora de minimizar sus efectos y contribuir a la recuperación de una vida normal.