La historia de Eva
Después de tener a mis gemelos comencé a tener pérdidas. Durante un tiempo me sentí completamente perdida y entonces una situación embarazosa lo cambió todo…
Me sentí tan avergonzada que me puse a llorar. Blanca me tranquilizó. Me contó que también le sucedió lo mismo tras el parto. Me dijo que era algo muy común debido al cambio corporal durante el embarazo y después del parto.
Unos seis meses después de que mis bebés nacieran me di cuenta de que siempre mojaba la ropa interior. No entendía qué me estaba sucediendo y me sentía demasiado avergonzada como para poder confiárselo a alguien. La situación empeoró y comencé a dejar de visitar a mis amigos por si empezaban las pérdidas. Siempre insistía en que ellos vinieran a casa para poder tener cerca el baño y cambiarme de ropa. Probablemente pensarían que no me gustaba cómo cocinaban.
Mi familia comenzó a darse cuenta. Utilizaba algodón y compresas de higiene femenina para absorber la orina, pero nada podía camuflar el olor. Empecé a rehuir a mi marido y siempre estaba pendiente de mi ropa interior y regañando a los niños.
Me sentía atrapada, pero cuando mi mejor amiga Blanca habló conmigo algo pasó. También acababa de tener un niño y teníamos mucho de qué hablar. Conforme charlábamos, un sorbo de té se fue 'por otro lado' y comencé a toser. Para mi disgusto, de repente apareció aquella gran mancha ¡en el sofá de Blanca!
Me sentí tan avergonzada que me puse a llorar. Blanca me tranquilizó. Me contó que también le sucedió lo mismo tras el parto. Me dijo que era algo muy común debido al cambio corporal durante el embarazo y después del parto. Me habló de los ejercicios de los músculos del suelo pélvico y los absorbentes especiales. Después de varias semanas conviviendo con estos inconvenientes, sentí como si me hubiesen quitado un gran peso de encima. Aún no lo he superado, pero continúo con los ejercicios y cuando miro a mis hijos me doy cuenta de que unas pérdidas ocasionales no merecen tanto la pena.