La historia de Laura
La incontinencia urinaria irrumpió en mi segundo embarazo y me sentía como si hubiera perdido el control sobre mi propio cuerpo. Llegaba a afectarme, ya que no tuve ningún problema después de mi primer embarazo…
La incontinencia urinaria irrumpió en mi segundo embarazo y me sentía como si hubiera perdido el control sobre mi propio cuerpo. Llegaba a afectarme, ya que no tuve ningún problema después de mi primer embarazo.
El impacto de perder el control de tu vejiga no se puede explicar en unas cuantas palabras, pero realmente sentí que esta situación controlaba mi vida.
Me preocupaba el hecho de reírme, toser y levantar cosas mínimamente pesadas y empecé a utilizar compresas de higiene femenina a diario como protección contra el goteo. Decidí no consultar con mi médico por miedo a que me recomendara algún tipo de pañales enormes.
Negar las dificultades era un comportamiento muy infantil: “¿quién ha pintado la pared con rotulador?” Aunque los niños sepan la verdad, siempre dirán: “Yo no. ¡Yo no he sido!”
Tener que salir me inquietaba muchísimo. Dejé de beber líquido hasta sentirme deshidratada. Llegué a pensar: “si no bebo, no tendré pérdidas”.
La incontinencia cambió mi comportamiento hacia mis amigos, mi familia y hacia mí misma. Me sentía sola, indefensa y avergonzada como si fuera una niña mala.
Finalmente decidí visitar a mi médico. Su ayuda fue fantástica. Obviamente, si hubiese sabido lo que sé ahora, lo habría visitado mucho antes.
Ahora uso TENA Lady y realmente eso me ha devuelto mi libertad y mi seguridad. Son productos pequeños y discretos capaces de frenar el olor. Y lo bueno es que también es una opción más económica que las compresas de higiene femenina, ya que no se desechan tantas unidades.
Lo mejor es que siento que ahora sólo yo controlo mi cuerpo.