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La historia de María

Mujer mayor sentada afuera con mujer joven: historias de otros cuidadores

María y su nuera

“Gracias a mi nuera, la incontinencia ya no es un asunto tan serio como al principio”.
 
“Cuando perdí el control de mi vejiga y mojé el cojín de mi silla favorita, quería morirme. La silla ni siquiera era mía. Estaba pasando una temporada con mi hijo, Enrique, y su mujer, Ana, mientras me recuperaba de una lesión de cadera. Cuando mi nieta armó un escándalo porque yo estaba encerrada en el baño, me puse furiosa: ¡estaba intentando quitarle las manchas al cojín! Me dio mucha vergüenza.
 
Ana vino corriendo y le dijo claramente que no se metiera donde no la llamaban. Pensaba que me había salido con la mía, pero a Ana no se le escapa nada.
 
Empezó a lanzar indirectas sobre ir al médico, y eso a mí me molestaba. Pensaba: “¿Cómo le voy a decir al médico que no puedo controlar mi vejiga?” Tenía la esperanza de que el problema desapareciera cuando me curara la cadera, pero empeoró.
 
Una tarde, Ana vino a la cocina y me dijo que había atascado el retrete de la planta baja con todo el algodón que estaba utilizando. Me dijo que todos los de la casa conocían mi problema ¡porque podían olerlo! Me quedé horrorizada pero, después de calmarme un poco, acepté que Ana me llevara a ver al médico.
 
Nuestra doctora fue muy amable y nos comentó que tenía al menos tres pacientes a la semana con este problema. Me sorprendió mucho lo frecuente que es.
 
Pasados unos meses, tuve que depender aún más de la familia. Mi cadera empeoró y, para mi disgusto, me vi impedida en una silla de ruedas. Fue muy angustioso, pero Ana y yo nos las arreglamos. En cierto modo, creo que nos unió: ¡no puedes engañar a alguien que te ayuda con los temas de aseo! 
 
Lo más positivo es que, con la ayuda de Ana y la información de nuestra doctora, sentí que estaba recuperando mi dignidad. Ya no tengo miedo de las fugas o los olores inoportunos y soy capaz de relajarme y charlar con mis nietos. Utilizo compresas para la incontinencia durante el día y ropa interior absorbente durante la noche porque así me siento más segura. No hay mucho que pueda hacer con lo de cumplir años y tener la cadera mal, pero sigo disfrutando de mi vida familiar mientras dure ¡y espero que sea por mucho tiempo!”