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Como cuidador, es fácil sentir que todo se acumula y que no llegas a todo. Un plan de cuidados te ayuda a saber qué hay que hacer, cuándo y con quién cuentas, lo que reduce la sobrecarga y mejora la organización diaria [1][2]. Este artículo propone pasos sencillos para crear tu propio plan —elaborar una lista de tareas, repartirla, usar una plantilla y revisarla con el equipo sanitario y tu familia— basados en guías para personas cuidadoras [2][3][4][5].
Un plan de cuidados es una herramienta sencilla con la que recoges qué necesita tu familiar, qué tareas hay que hacer, quién se encarga de cada una y cuándo se realizan. No tiene por qué ser complicado: puede ser una hoja de papel, una tabla o la plantilla descargable que ofrece TENA, siempre que te resulte útil para el día a día [2].
En España, la mayor parte de los cuidados de larga duración los proporcionan las familias en el domicilio y muchas personas cuidadoras asumen esa responsabilidad sin apenas apoyo ni formación [1][3]. Diversas guías señalan que planificar los cuidados ayuda a reducir la sensación de caos, a compartir mejor las tareas y a prevenir la sobrecarga emocional y física del cuidador [2][3][4].
Antes de elaborar un plan de cuidados, hazte estas dos preguntas clave:
Las guías para personas cuidadoras recomiendan tener en cuenta tanto las necesidades de la persona (salud, movilidad, memoria, estado de ánimo, capacidad para las actividades diarias) como tu propia situación (tiempo disponible, trabajo, otros compromisos) [2][3][5].
También es un buen momento para:
En TENA te proponemos una lista de tareas que puede servirte de guía para elaborar tu plan de cuidados [2]. Es útil anotar durante varios días todo lo que haces por tu familiar, sin censura. Luego podrás ordenar y repartir.
Tareas de cuidados diarios
Son las que se relacionan directamente con la atención a tu ser querido y suelen repetirse cada día:
Tareas diarias relacionadas
Son las tareas que sostienen el cuidado, aunque no estén siempre delante de la persona:
Otras tareas importantes
Además, hay tareas que quizá no se repiten cada día, pero ocupan tiempo y energía:
Manuales y guías para personas cuidadoras insisten en que visibilizar todas estas tareas por escrito ayuda a tomar conciencia del volumen real de trabajo y a buscar apoyos [2][3][4].
Repartir tareas y tiempos: no todo tiene que recaer en ti
Una vez que tienes la lista de tareas, el siguiente paso es decidir quién hace qué y con qué frecuencia. No siempre es posible repartirlo todo, pero casi siempre se puede compartir al menos una parte.
Esta son algunas recomendaciones prácticas que recogen las guías de apoyo a cuidadores [2][3][5]:
Un plan de cuidados no solo organiza las tareas: también hace visible el esfuerzo que supone cuidar y facilita que otras personas entiendan qué puedes necesitar [3][4].
Puede resultarte muy útil utilizar una plantilla estructurada, como la que te ofrecemos en TENA, donde podrás anotar tareas diarias, semanales y mensuales, responsables y horarios [2].
Y para que el plan no se quede “en un cajón”:
Diferentes estudios y documentos sobre atención centrada en la persona destacan la importancia de consensuar los planes de cuidados con la propia persona, siempre que sea posible, y con su entorno cercano [4]. Esto ayuda a respetar sus preferencias y a que el cuidado no se limite solo a lo físico, sino también a su bienestar emocional y su proyecto de vida.
Un plan de cuidados no está completo si solo recoge lo que necesita tu familiar. También debería contemplar qué necesitas tú para seguir cuidando en buenas condiciones.
Protocolos de atención a la persona cuidadora en España recuerdan que la salud del cuidador es un elemento clave del plan y recomiendan valorar de forma periódica su carga, su estado emocional y sus necesidades de apoyo [1][5].
Puedes añadir en el propio plan:
Incluir tu autocuidado en el plan no es un lujo, sino una condición necesaria para que el cuidado sea sostenible a medio y largo plazo [3][5].
Las necesidades de tu familiar y tu situación como cuidador pueden cambiar con el tiempo: puede haber nuevas enfermedades, cambios en la movilidad, variaciones en el apoyo familiar o en tu trabajo.
Por eso, las guías recomiendan revisar periódicamente el plan de cuidados y adaptarlo a la nueva realidad [2][3][4]:
Pensar el plan de cuidados como un documento vivo te permitirá mantenerlo útil y realista, en vez de verlo como una obligación que hay que cumplir al pie de la letra.
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[1] Comunidad de Madrid. Consejería de Sanidad. Atención integral a las personas cuidadoras de pacientes en situación de dependencia y cuidados paliativos. Protocolo. Leer aquí
[2] Matia Instituto. Guía práctica para personas que cuidan. Leer aquí
[3] Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG). Manual de habilidades para cuidadores familiares de personas mayores. Leer aquí
[4] IMSERSO – Centro de Referencia Estatal de Alzheimer (CRE Alzheimer). La atención centrada en la persona en los servicios gerontológicos. Leer aquí
[5] Asociación Española de Centros y Servicios de Atención a la Dependencia (AECEND) / ACP Gerontología. Guía de autocuidado y cuidado para personas cuidadoras en servicios integrados. Leer aquí
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