Descubre las causas de la incontinencia

La urinaria suele aparecer cuando se altera el equilibrio entre la vejiga, la uretra, el suelo pélvico y el sistema nervioso, algo frecuente con el envejecimiento, ciertas enfermedades, algunos fármacos y problemas de movilidad o cognitivos [1][2][6]. Los estudios señalan como factores habituales la edad avanzada, los partos vaginales, la , la obesidad, la diabetes, la fragilidad, las cirugías pélvicas, las infecciones urinarias y la polifarmacia [2][4][5]. Entender estas causas permite al cuidador observar mejor, prevenir parte del problema y explicar con claridad la situación al equipo sanitario [1][3].

¿Cómo se mantiene la continencia… y qué pasa cuando falla?

La continencia urinaria se conserva cuando:

  • la vejiga almacena orina de forma adecuada,
  • el esfínter uretral y el suelo pélvico mantienen la salida cerrada en reposo,
  • los centros nerviosos coordinan la señal de “llenado” y la orden de “ahora puedes orinar” [1].

El Plan de Actuación Consensuado (PAC), elaborado por la Sociedad Española de Cuidados Paliativos (SECPAL), la Asociación Española de Enfermería en Cuidados Paliativos (AECPAL) y las guías clínicas, explica que un fallo en cualquiera de estos eslabones (músculos, nervios, órganos, entorno) puede desencadenar urinaria [1][2][6]. 

En personas mayores, este equilibrio es más frágil debido a los cambios propios del envejecimiento y a la acumulación de enfermedades y tratamientos.

Cambios relacionados con la edad y el sexo

Envejecimiento y fragilidad

El envejecimiento produce cambios en la vejiga, la uretra, el suelo pélvico y el sistema nervioso: menor capacidad de la vejiga, contracciones involuntarias, cambios hormonales y pérdida de fuerza muscular, entre otros [2][6]. 

El Atlas Digital de la Urinaria en Personas Mayores en España destaca que, a mayor edad, aumenta la prevalencia de incontinencia y se asocia a otras condiciones como fragilidad, caídas, depresión y malnutrición [4]. 

Mujeres: suelo pélvico, partos y

En mujeres, las guías identifican como factores clave:

  • embarazos y partos vaginales,
  • traumatismos del suelo pélvico,
  • menopausia y descenso de estrógenos,
  • cirugías ginecológicas previas [2][5]. 

La revisión de Higa y cols. recoge, entre los principales factores de riesgo de IU en la mujer, la edad, los traumatismos de suelo pélvico, la obesidad, enfermedades crónicas, tabaquismo, consumo de cafeína y el estreñimiento [5]. 

Hombres: y cirugías urológicas

En el varón, la hiperplasia benigna de próstata, la cirugía prostática y otros problemas de las vías urinarias inferiores se asocian con un mayor riesgo de incontinencia, especialmente de urgencia y de rebosamiento [2][3]. 

Enfermedades que aumentan el riesgo de incontinencia

Las guías y revisiones señalan múltiples patologías relacionadas con la IU:

  • Enfermedades neurológicas (ictus, Parkinson, esclerosis múltiple, demencias): afectan a los centros nerviosos que controlan la vejiga.
  • Diabetes mellitus: puede dañar los nervios y predisponer tanto a síntomas de vejiga hiperactiva como a vaciado incompleto [2][4]. 
  • Fragilidad y deterioro funcional: dificultan llegar al baño, quitarse la ropa o mantener el equilibrio [1][4][6]. 
  • Infecciones de orina: pueden causar o empeorar episodios de , especialmente en mayores, en quienes a veces se presentan con confusión o caídas [6]. 

En los planes de cuidados se insiste en valorar siempre la presencia de estas enfermedades cuando aparece o empeora una incontinencia urinaria [1][3].

Medicamentos y hábitos que influyen

Medicación y polifarmacia

Diversos documentos de enfermería y geriatría señalan que la polifarmacia (tomar muchos medicamentos a la vez) aumenta el riesgo de IU y de otros síndromes geriátricos [6]. 

Entre los grupos implicados con más frecuencia:

  • diuréticos (aumentan el volumen de orina),
  • fármacos sedantes o hipnóticos (favorecen caídas, retrasan la respuesta a la urgencia),
  • algunos anticolinérgicos (pueden alterar el vaciado vesical),
  • fármacos que bajan la presión arterial y favorecen mareos o síncopes.

Por eso, es importante que el profesional revise periódicamente la medicación de tu familiar, sobre todo cuando hay cambios en la continuidad de la medicación.

Estilo de vida y hábitos

La literatura y los documentos de consenso destacan como factores de riesgo modificables [2][4][5]:

  • obesidad y sedentarismo,
  • estreñimiento crónico,
  • consumo elevado de cafeína y alcohol,
  • tabaquismo,
  • esfuerzos repetidos (levantamiento de pesos, tos crónica por tabaco, etc.).

Reducir el peso si es necesario, favorecer la actividad física adaptada y cuidar el tránsito intestinal forman parte de las medidas básicas de prevención y de manejo conservador de la IU [2][4]. 

Factores funcionales y del entorno

No siempre la causa es solo “urológica”. El PAC y las guías de enfermería recuerdan que el entorno y la capacidad funcional también son decisivos [1][3][6]. 

Factores frecuentes:

  • Movilidad reducida: le cuesta levantarse, caminar o usar el WC sin ayuda.
  • Barreras arquitectónicas: escaleras, alfombras, pasillos estrechos, falta de barras de apoyo.
  • Deterioro cognitivo: no encuentra el baño, no reconoce dónde está o no recuerda el mensaje de “tengo ganas”.
  • Ropa poco práctica: cinturones, botones o prendas difíciles de quitar a tiempo.

En estos casos hablamos muchas veces de funcional: la vejiga puede funcionar relativamente bien, pero la persona no llega a tiempo al baño. Adaptar el entorno y la organización del hogar puede reducir significativamente los episodios de incontinencia [3][6]. 

Causas transitorias que conviene descartar

Además de las causas crónicas, hay factores reversibles que pueden desencadenar o empeorar la IU, sobre todo en mayores [2][6]:

  • infecciones urinarias,
  • episodios de estreñimiento intenso,
  • cambios bruscos de medicación,
  • estados de confusión aguda o delirio,
  • ingesta excesiva de líquidos o de bebidas irritantes para la vejiga (como la cafeína y el alcohol).

En personas mayores frágiles, una sola causa (por ejemplo, una infección de orina) puede desencadenar a la vez , caídas o un cuadro confusional [6]. 

Como cuidador, es importante informar al profesional sanitario de cualquier cambio brusco para que valore si estamos ante un problema transitorio que puede corregirse.

Qué puede hacer el cuidador ante las causas de incontinencia

Aunque las causas médicas deben valorarlas los profesionales, el cuidador tiene un papel fundamental:

  • Observar cuándo y cómo se producen las pérdidas (por esfuerzo, por urgencia, de noche, al levantarse…).
  • Anotar cambios en la medicación, infecciones recientes, caídas, cambios de ánimo o de movilidad.
  • Favorecer hábitos saludables: hidratación adecuada, peso razonable, prevención del estreñimiento, actividad física adaptada [1][4][6]. 
  • Adaptar el entorno para reducir las barreras al ir al baño.
  • Acompañar en las consultas, explicando lo que observa en casa.

Los planes de cuidados insisten en que, para manejar bien la , es clave trabajar en conjunto la persona, el cuidador y el equipo sanitario [1][3][4].

Preguntas frecuentes

La edad aumenta el riesgo, pero no es la única causa. Intervienen también enfermedades (neurológicas, metabólicas, urológicas), cambios hormonales, partos, cirugías, medicamentos y factores funcionales y del entorno [2][4][6]. Por eso siempre conviene una valoración completa.
No siempre, pero sí se pueden reducir riesgos: mantener un peso saludable, evitar el estreñimiento, cuidar la fuerza del suelo pélvico, controlar bien enfermedades crónicas y revisar periódicamente la medicación [2][4][5].
Si la aparece de forma brusca o empeora de repente, especialmente con fiebre, dolor al orinar, confusión o caídas, es importante consultar de inmediato, ya que podría tratarse de una infección u otro problema agudo [2][6].
Sí. Diferentes revisiones señalan que la polifarmacia y ciertos fármacos (diuréticos, sedantes, algunos anticolinérgicos, etc.) pueden favorecer la , sobre todo en mayores [6]. Por eso es importante revisar la medicación con el profesional periódicamente.
Un pequeño registro con: frecuencia de las micciones, momentos de escape, cantidad aproximada, cambios recientes en la medicación, infecciones, caídas y limitaciones de movilidad. Las guías recomiendan este tipo de diarios y valoraciones sistemáticas para ajustar mejor el diagnóstico y el plan de cuidados [1][3].

Descubre más información para cuidadores

[1] Plan de Actuación Consensuado. Cuidados enfermeros para la continencia y el manejo de la urinaria. AECPAL, SECPAL y sociedades científicas colaboradoras; Depósito legal M-26049-2024. Leer aquí

[2] Asociación Española de Urología (AEU). Guía abreviada de atención a personas con incontinencia urinaria (Actualización Guías AEU 2022). Madrid; 2022. Leer aquí

[3] Colegio Oficial de Enfermería de Huesca. Guía de recomendaciones prácticas en incontinencia urinaria. 2021. Leer aquí

[4] Weber Fundación / Grupo de trabajo. ATLAS Digital de la Incontinencia Urinaria en Personas Mayores en España. 2023. Leer aquí

[5] Higa R, Lopes MHBM, Reis MJ. Factores de riesgo para incontinencia urinaria en la mujer: revisión. Rev Esc Enferm USP. 2008;42(1):187–192. Leer aquí

[6] Salusplay. Tema 5. Incontinencia urinaria (geriatría): etiología y factores de riesgo. Leer aquí