Disfunción eréctil: causas y cuándo consultar

La disfunción eréctil no debe confundirse con un episodio ocasional (conocido comúnmente como “gatillazo”) en el que la erección no aparece o se pierde antes de lo esperado. El estrés, el cansancio o el alcohol pueden influir puntualmente. Cuando el problema se repite, conviene investigar su origen porque puede estar relacionado con factores físicos, psicológicos o ambos.


La erección no funciona como un interruptor que siempre responde de la misma manera. El cansancio, el estrés, una preocupación o simplemente un mal día pueden hacer que alguna vez no aparezca o se pierda durante una relación sexual. 

Un “gatillazo” puntual no suele indicar que exista un problema. Cuando la situación empieza a repetirse, sin embargo, merece la pena prestarle atención.

La disfunción eréctil se define como la dificultad persistente o recurrente para conseguir o mantener una erección suficiente para mantener una actividad sexual satisfactoria. No depende, por tanto, de que falle una erección una determinada cantidad de veces ni existe una regla del tipo “una de cada cuatro relaciones”.

Lo importante es observar si el problema se repite, cuánto tiempo lleva ocurriendo, en qué circunstancias aparece y qué efecto está teniendo sobre la vida sexual y el bienestar.

Además, aunque tendamos a pensar en los problemas de erección únicamente desde el punto de vista sexual, la erección depende de la interacción entre el sistema vascular, nervioso, hormonal y psicológico. Por eso, cuando las dificultades persisten, consultar puede servir para detectar tanto el origen del problema como otros aspectos de la salud que merecen atención.

¿Qué es la disfunción eréctil y cuándo preocuparse por un gatillazo?

Tener un episodio aislado en el que cuesta conseguir una erección o esta desaparece antes de lo esperado es algo diferente de presentar una disfunción eréctil.

Factores pasajeros como el cansancio, una situación de estrés, las preocupaciones, la ansiedad ante una relación sexual o el consumo de alcohol pueden interferir temporalmente con la respuesta sexual.

El problema merece una valoración cuando la dificultad para lograr o mantener la erección comienza a repetirse o genera preocupación, frustración, pérdida de confianza o dificultades en las relaciones sexuales. No es necesario esperar a que la situación se vuelva grave para consultar.

Cuando el miedo a que ocurra vuelve a interferir

Después de un primer “gatillazo”, es habitual preguntarse si volverá a pasar.

Esa preocupación puede aumentar la atención sobre la propia erección durante el siguiente encuentro sexual y generar lo que se conoce como ansiedad de rendimiento. Cuanto mayor es la presión por “funcionar”, más difícil puede resultar mantener la excitación.

Esto no significa que todos los problemas de erección sean psicológicos. De hecho, las causas físicas y psicológicas pueden coexistir. Un problema inicialmente relacionado con factores orgánicos puede generar ansiedad posteriormente, y esa ansiedad contribuir a mantener las dificultades.

Por este motivo, intentar distinguir por cuenta propia si “todo está en la cabeza” o si existe una causa física no siempre resulta útil. Una evaluación médica permite analizar ambas dimensiones.

¿Por qué se pierde la erección? Principales causas

Una erección necesita una adecuada llegada de sangre al pene, un funcionamiento correcto de las vías nerviosas, un entorno hormonal apropiado y estímulos sexuales capaces de generar excitación.

Una alteración en cualquiera de estos elementos puede influir en la respuesta eréctil.

Factores vasculares y metabólicos

Los factores cardiovasculares ocupan un lugar especialmente relevante. Diabetes, hipertensión arterial, alteraciones del colesterol, obesidad, tabaquismo y falta de actividad física pueden afectar a los vasos sanguíneos y estar asociados con problemas de erección.

Por este motivo, actualmente la disfunción eréctil se considera también un marcador de riesgo cardiovascular, especialmente cuando tiene un origen predominantemente vascular. Las recomendaciones europeas incorporan la evaluación de este riesgo como parte del estudio de determinados hombres con disfunción eréctil.

Esto no significa que tener un “gatillazo” sea señal de que se vaya a sufrir un infarto. Significa que una disfunción eréctil persistente puede ser una oportunidad para revisar factores como presión arterial, glucemia, colesterol, tabaquismo y salud cardiovascular general.

Factores psicológicos y emocionales

La ansiedad, el estrés, determinados problemas de pareja y algunos trastornos del estado de ánimo también pueden interferir con la erección.

No existe una división absoluta entre “disfunción física” y “disfunción psicológica”. La respuesta sexual depende de ambos componentes y es frecuente que se influyan mutuamente.

En estos casos, además de la valoración médica, puede resultar útil abordar los factores emocionales o relacionales con profesionales especializados en salud sexual cuando esté indicado.

Factores neurológicos y hormonales

Determinadas enfermedades neurológicas, lesiones de la médula espinal o intervenciones quirúrgicas que afectan a los nervios de la pelvis pueden alterar las señales necesarias para producir una erección.

También pueden intervenir factores hormonales. Una concentración baja de testosterona puede relacionarse con disminución del deseo sexual y, en algunos hombres, contribuir a problemas de función eréctil.

Sin embargo, tener dificultades de erección no permite concluir que exista testosterona baja. Su valoración requiere estudiar los síntomas y, cuando está indicado, realizar determinaciones hormonales adecuadas.

¿Puede la medicación influir?

Sí. Algunos medicamentos pueden afectar a la función sexual, aunque el efecto depende del fármaco y de cada persona.

Por eso, si los problemas de erección aparecen después de iniciar o modificar un tratamiento, conviene comentarlo con el médico.

No debe suspenderse ni cambiarse una medicación prescrita por iniciativa propia. El profesional podrá valorar si existe una relación, si es posible ajustar el tratamiento o si hay otras explicaciones para los síntomas.

¿Cómo se trata la disfunción eréctil?

No existe un único tratamiento válido para todos los hombres. La elección depende del origen y gravedad del problema, del estado general de salud, de otros tratamientos utilizados y de las preferencias de cada persona.

La evaluación inicial suele incluir la historia médica y sexual, una exploración física y la valoración de posibles factores cardiovasculares y metabólicos. Dependiendo de cada situación, pueden solicitarse análisis u otras pruebas.

Cuidar la salud también puede ayudar a la erección

Las guías europeas recomiendan actuar sobre el estilo de vida y los factores de riesgo modificables antes o al mismo tiempo que se inicia un tratamiento específico.

Hacer ejercicio regularmente, dejar de fumar, controlar el peso y tratar adecuadamente la hipertensión, la diabetes o las alteraciones del colesterol beneficia a la salud general y puede contribuir a mejorar la función eréctil.

También es importante cuidar el descanso y abordar el estrés o la ansiedad cuando parecen estar influyendo en la vida sexual.

Tratamiento farmacológico

Los medicamentos conocidos como inhibidores de la fosfodiesterasa tipo 5 (PDE5) constituyen el tratamiento farmacológico de primera línea para muchos hombres con disfunción eréctil.Entre ellos se encuentran principios activos como sildenafilo y tadalafilo. Estos medicamentos facilitan los mecanismos vasculares que permiten la erección, pero necesitan que exista estimulación sexual para funcionar.

Deben utilizarse con indicación y supervisión adecuadas, ya que no son apropiados para todos los hombres y pueden interactuar con otros tratamientos.

En particular, el uso simultáneo de inhibidores de la PDE5 con nitratos empleados para determinadas enfermedades cardiovasculares está contraindicado porque puede provocar una bajada peligrosa de la presión arterial. 

¿Y si los comprimidos no funcionan?

Existen otras alternativas. Dependiendo de cada situación pueden valorarse tratamientos locales o inyectables con fármacos vasoactivos, dispositivos de vacío y, en casos seleccionados en los que otros tratamientos no ofrecen resultados satisfactorios, implantes o prótesis de pene.

Las guías europeas incluyen las inyecciones intracavernosas entre las alternativas terapéuticas y los dispositivos de vacío como una opción no farmacológica para hombres adecuadamente informados.

La prótesis de pene suele reservarse para situaciones seleccionadas y requiere una valoración especializada.

Qué hacer si los problemas de erección empiezan a repetirse

Un “gatillazo” aislado puede formar parte de la variabilidad normal de la respuesta sexual. Cuando la pérdida de erección empieza a repetirse, la mejor estrategia no consiste en intentar comprobar constantemente si la próxima vez ocurrirá lo mismo.

Conviene observar cuándo aparece el problema y consultar con un profesional de salud si persiste o preocupa.

El médico de familia o el urólogo pueden valorar factores cardiovasculares, metabólicos, hormonales, neurológicos, farmacológicos y psicológicos y decidir qué pruebas son necesarias. Si existe un componente emocional o relacional importante, la intervención de un profesional especializado en sexología o psicología puede complementar el abordaje.

También merece la pena consultar si el problema aparece de forma relativamente repentina sin una causa evidente, si existe una pérdida persistente del deseo sexual o si hay otros síntomas asociados.

Sobre todo, evita recurrir a tratamientos o suplementos adquiridos por tu cuenta. Las opciones para tratar la disfunción eréctil deben elegirse teniendo en cuenta el estado de salud y la medicación de cada persona.

Los problemas de erección son una cuestión de salud masculina y se pueden hablar con la misma naturalidad que cualquier otro síntoma. Si empiezan a repetirse, conocer la causa es el primer paso para encontrar la solución adecuada y recuperar la confianza en tu vida sexual.

Preguntas frecuentes

No depende de un número específico de fallos. Lo importante es observar si el problema se repite, cuánto tiempo lleva y qué efecto tiene sobre la vida sexual y el bienestar.

Sí. Actualmente se considera un marcador de riesgo cardiovascular, especialmente cuando tiene origen vascular. Una dificultad persistente puede ser ocasión para revisar presión arterial, glucemia, colesterol y salud cardiovascular general.

Sí. La ansiedad, el estrés y especialmente la preocupación por el rendimiento sexual pueden interferir con la respuesta eréctil. Sin embargo, los factores psicológicos y físicos pueden coexistir, por lo que si la situación se repite es aconsejable evaluar otras posibles causas.

Mantener actividad física regular, no fumar, controlar el peso y tratar adecuadamente problemas como hipertensión, diabetes o colesterol elevado puede favorecer tanto la salud cardiovascular como la sexual. Cuando existe disfunción eréctil persistente, hay diferentes tratamientos eficaces cuya elección debe realizarse con un profesional sanitario.

Otros consejos masculinos:

 

  • Dorey G. et al. – Post-micturition dribble in men: Describe el PMD como pérdida de orina tras la por retención en la uretra bulbar y debilidad del suelo pélvico. Leer más.
  • EAU Guidelines (European Association of Urology): Incluyen el post-micturition dribble como síntoma postmiccional dentro de LUTS y explican su relación con el vaciado uretral incompleto. Leer más.
  • International Continence Society (ICS): Define PMD como pérdida involuntaria de orina inmediatamente después de terminar la micción. Leer más.

Aviso importante:

La información contenida en este artículo es de carácter informativo y no sustituye en ningún caso el diagnóstico ni el tratamiento médico. Ante cualquier síntoma o duda relacionada con la urinaria, consulta siempre con tu médico o profesional sanitario. Las fuentes médicas consultadas para la elaboración de estos contenidos no prescriben ni recomiendan productos en ningún caso.