Una erección necesita una adecuada llegada de sangre al pene, un funcionamiento correcto de las vías nerviosas, un entorno hormonal apropiado y estímulos sexuales capaces de generar excitación.
Una alteración en cualquiera de estos elementos puede influir en la respuesta eréctil.
Factores vasculares y metabólicos
Los factores cardiovasculares ocupan un lugar especialmente relevante. Diabetes, hipertensión arterial, alteraciones del colesterol, obesidad, tabaquismo y falta de actividad física pueden afectar a los vasos sanguíneos y estar asociados con problemas de erección.
Por este motivo, actualmente la disfunción eréctil se considera también un marcador de riesgo cardiovascular, especialmente cuando tiene un origen predominantemente vascular. Las recomendaciones europeas incorporan la evaluación de este riesgo como parte del estudio de determinados hombres con disfunción eréctil.
Esto no significa que tener un “gatillazo” sea señal de que se vaya a sufrir un infarto. Significa que una disfunción eréctil persistente puede ser una oportunidad para revisar factores como presión arterial, glucemia, colesterol, tabaquismo y salud cardiovascular general.
Factores psicológicos y emocionales
La ansiedad, el estrés, determinados problemas de pareja y algunos trastornos del estado de ánimo también pueden interferir con la erección.
No existe una división absoluta entre “disfunción física” y “disfunción psicológica”. La respuesta sexual depende de ambos componentes y es frecuente que se influyan mutuamente.
En estos casos, además de la valoración médica, puede resultar útil abordar los factores emocionales o relacionales con profesionales especializados en salud sexual cuando esté indicado.
Factores neurológicos y hormonales
Determinadas enfermedades neurológicas, lesiones de la médula espinal o intervenciones quirúrgicas que afectan a los nervios de la pelvis pueden alterar las señales necesarias para producir una erección.
También pueden intervenir factores hormonales. Una concentración baja de testosterona puede relacionarse con disminución del deseo sexual y, en algunos hombres, contribuir a problemas de función eréctil.
Sin embargo, tener dificultades de erección no permite concluir que exista testosterona baja. Su valoración requiere estudiar los síntomas y, cuando está indicado, realizar determinaciones hormonales adecuadas.
¿Puede la medicación influir?
Sí. Algunos medicamentos pueden afectar a la función sexual, aunque el efecto depende del fármaco y de cada persona.
Por eso, si los problemas de erección aparecen después de iniciar o modificar un tratamiento, conviene comentarlo con el médico.
No debe suspenderse ni cambiarse una medicación prescrita por iniciativa propia. El profesional podrá valorar si existe una relación, si es posible ajustar el tratamiento o si hay otras explicaciones para los síntomas.