La testosterona es necesaria para el deseo sexual y la función eréctil masculina, especialmente cuando sus niveles son bajos. Sin embargo, no actúa como un interruptor directo del deseo: la relación entre testosterona y sexualidad es más compleja y depende de múltiples factores.
Un estudio longitudinal publicado en Proceedings of the Royal Society B, titulado “Day-to-day associations between testosterone, sexual desire and courtship efforts in young men”, demuestra que las variaciones diarias de testosterona no se asocian de forma directa con cambios diarios en el deseo sexual en hombres con niveles hormonales normales. El trabajo sí observa una relación entre niveles más altos de testosterona y mayor implicación en conductas de cortejo.
En cambio, cuando la testosterona se sitúa por debajo de los valores normales, sí se asocia con disminución del deseo sexual y alteraciones en la función eréctil, como recoge la revisión “Testosterone and sexual function in men”, del Dr. Abdulmaged M. Traish, publicada en The Journal of Sexual Medicine.
Por este motivo, la testosterona debe entenderse como un facilitador de la salud sexual, pero no como el único determinante. El bienestar psicológico, el estrés, el descanso y la salud vascular también influyen de forma decisiva.