El diagnóstico comienza por conocer los síntomas, cuánto tiempo llevan presentes, antecedentes médicos, posibles infecciones urinarias previas y otros factores relevantes.
El profesional sanitario puede realizar una exploración física y solicitar una muestra de orina para buscar signos de infección y determinar qué microorganismo puede estar implicado cuando existe sospecha de prostatitis bacteriana.
En la prostatitis bacteriana aguda también pueden ser necesarios análisis de sangre, especialmente cuando existen fiebre o signos de infección general.
En casos crónicos pueden realizarse pruebas específicas para diferenciar una infección bacteriana persistente de otros síndromes de dolor pélvico.
No todas las pruebas resultan útiles en todas las personas. Por ejemplo, el cultivo de semen por sí solo no se recomienda de forma rutinaria para diagnosticar la prostatitis bacteriana crónica.
¿La prostatitis se trata siempre con antibióticos?
No. Los antibióticos son fundamentales cuando existe una prostatitis bacteriana, pero no todas las prostatitis están causadas por bacterias.
En la prostatitis bacteriana aguda, el tratamiento se selecciona teniendo en cuenta la gravedad de la infección y los resultados microbiológicos. Los casos con afectación general importante pueden requerir inicialmente tratamiento intravenoso y seguimiento estrecho.
La prostatitis bacteriana crónica suele necesitar tratamientos antibióticos más prolongados, seleccionados según el microorganismo identificado y las resistencias existentes.
No es recomendable utilizar antibióticos por iniciativa propia ni reutilizar tratamientos de episodios anteriores.
Tratamiento del dolor pélvico crónico
Cuando no se demuestra una infección bacteriana, la estrategia puede ser diferente.
Dependiendo de los síntomas, el especialista puede considerar medicamentos para controlar el dolor o mejorar determinados síntomas urinarios, así como otras intervenciones dirigidas al suelo pélvico, al dolor crónico o a factores psicológicos y sexuales asociados.
Las recomendaciones actuales favorecen un abordaje multimodal, adaptado a las características de cada persona, porque el síndrome de dolor pélvico crónico puede tener diferentes componentes.
Esto explica por qué dos hombres con síntomas aparentemente similares pueden necesitar tratamientos distintos.